Melasma: qué es, por qué aparece y qué podemos hacer
- drhectormarco
- 20 abr
- 5 min de lectura
Las manchas en el rostro son una de las consultas más frecuentes en nuestra consulta. Y dentro de ellas, el melasma es probablemente la más frustrante: aparece sin avisar, es difícil de tratar y tiene una tendencia molesta a volver. Pero entenderlo bien es el primer paso para manejarlo.
¿Qué es el melasma?
El melasma es un trastorno de la pigmentación que se caracteriza por la aparición de manchas marrones o grisáceas, simétricas, principalmente en la cara. Las zonas más frecuentes son los pómulos, el puente de la nariz, la frente, el labio superior y la barbilla. Aunque también puede aparecer en el cuello y los antebrazos, el rostro es con diferencia la localización más habitual.
No es una enfermedad en el sentido estricto: no duele, no pica y no es peligrosa. Pero tiene un impacto estético significativo que afecta a la autoestima de muchas personas, especialmente mujeres, que son quienes lo desarrollan con mucha mayor frecuencia.
Bajo la piel, lo que ocurre es que los melanocitos (las células que producen pigmento) se activan en exceso y de forma localizada, produciendo más melanina de la normal en esas zonas. El resultado es esa coloración irregular y persistente que caracteriza al melasma.
¿Por qué aparece?
El melasma tiene un origen multifactorial, lo que significa que no hay una sola causa sino varios factores que se combinan. Los principales son:
La exposición solar es el desencadenante más común y el más poderoso. La radiación ultravioleta estimula directamente a los melanocitos para que produzcan más pigmento. Incluso una exposición breve y repetida puede activar o empeorar el melasma en personas predispuestas.
Las hormonas juegan un papel fundamental. El melasma es mucho más frecuente en mujeres, y aparece con especial frecuencia durante el embarazo (de ahí que se conozca popularmente como "la máscara del embarazo"), con el uso de anticonceptivos orales o durante la terapia hormonal sustitutiva. Los estrógenos y la progesterona estimulan a los melanocitos.
La predisposición genética también importa. Si tu madre o abuela tuvieron melasma, hay más probabilidades de que tú también lo desarrolles. Los fototipos medios y oscuros (pieles mediterráneas, latinas, asiáticas o de origen africano) tienen mayor predisposición.
Otros factores menos conocidos pero relevantes son el calor intenso (no solo el sol, también el calor de hornos, radiadores o pantallas), el estrés oxidativo y algunos cosméticos o medicamentos fotosensibilizantes.
¿Cómo evitar que se active o empeore?
Aunque no siempre se puede prevenir del todo, sí hay medidas muy concretas que reducen significativamente el riesgo de activación y recurrencia:
El protector solar es la medida número uno, sin discusión. Y aquí hay un matiz importante: el melasma puede activarse no solo con la radiación UVB (la del bronceado y las quemaduras), sino también con la UVA y con la luz visible, especialmente la luz azul. Por eso se recomienda usar un fotoprotector de amplio espectro con SPF 50, que incluya filtros para luz visible, idealmente con color (los de base mineral con óxidos de hierro son especialmente eficaces). Y aplicarlo todos los días del año, no solo en verano.
Evitar el calor directo en la cara. Esto incluye no acercarse demasiado a fuentes de calor, evitar las saunas y tener cierta precaución con tratamientos estéticos que generan calor (algunos láseres o radiofrecuencias pueden empeorar el melasma si no están bien indicados).
Revisar la anticoncepción si el melasma coincidió con el inicio de la píldora. En algunos casos, cambiar el método anticonceptivo ayuda a estabilizar las manchas. Siempre consultando con el ginecólogo.
Usar antioxidantes tópicos por la mañana. La vitamina C, la niacinamida y el ácido ferúlico ayudan a neutralizar el estrés oxidativo que activa la melanogénesis.
¿Qué podemos hacer para reducirlo?
Esta es la pregunta del millón. La respuesta honesta es que el melasma se puede controlar y mejorar mucho, pero es un proceso a largo plazo y requiere constancia. No existe una solución única ni definitiva.
Activos despigmentantes tópicos
Son el primer escalón del tratamiento y la base de cualquier protocolo. Los más respaldados por evidencia científica son:
La hidroquinona es el despigmentante más potente y estudiado. Se considera el estándar de referencia. Solo está disponible con receta médica y debe usarse en ciclos, ya que un uso prolongado puede tener efectos secundarios.
El ácido azelaico inhibe la enzima que activa la producción de melanina y tiene además efecto antiinflamatorio. Es bien tolerado y válido para pieles sensibles.
La niacinamida (vitamina B3) bloquea la transferencia del pigmento hacia la superficie de la piel. Es más suave y puede usarse como mantenimiento.
El ácido tranexámico se ha convertido en uno de los activos más prometedores de los últimos años, tanto en uso tópico como oral. Actúa sobre la vía de activación de los melanocitos y tiene un buen perfil de tolerancia.
Los retinoides (retinol, tretinoína) aceleran la renovación celular y ayudan a eliminar las capas de piel con más pigmento acumulado.
Tratamientos en clínica
Cuando los tópicos no son suficientes, o como complemento a ellos, existen tratamientos en consulta que pueden acelerar la mejoría:
Los peelings químicos con ácido kójico, ácido glicólico o ácido mandélico exfolian las capas superficiales y ayudan a aclarar el tono de forma progresiva.
La microdermoabrasión y algunos láseres de baja energía pueden ser útiles en manos expertas, pero requieren una selección muy cuidadosa del paciente. El melasma es muy sensible al calor y a la inflamación, y un tratamiento mal indicado puede empeorarlo.
El ácido tranexámico inyectable o en mesoterapia es una opción que está ganando popularidad con resultados prometedores.
¿Para qué tipo de piel es más frecuente?
El melasma puede aparecer en cualquier tipo de piel, pero es más frecuente e intenso en fototipos medios y oscuros: pieles mediterráneas, latinas, del sur de Asia y de origen africano. En pieles muy claras también puede aparecer, pero suele ser más superficial y responder mejor al tratamiento.
Esta es también una de las razones por las que hay que tener mucho cuidado con los tratamientos agresivos en pieles oscuras: la inflamación post-tratamiento puede generar hiperpigmentación reactiva que empeora el cuadro en lugar de mejorarlo.
Lo más importante: la constancia
El melasma es un problema crónico con tendencia a la recurrencia. Esto significa que incluso cuando se consigue una buena mejoría, si se abandona la protección solar o los activos de mantenimiento, las manchas tienden a volver, especialmente en verano.
La clave no está en buscar el tratamiento milagro, sino en entender que el manejo del melasma es un hábito a largo plazo: protector solar todos los días, activos despigmentantes en ciclos y revisiones periódicas con un profesional que adapte el protocolo según la evolución.
Con ese enfoque, la gran mayoría de personas con melasma puede conseguir una piel visiblemente más uniforme y mantenerla en el tiempo.



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